La premonición de Clara

Desde el mar, por la ventana,
entró tu pulpo la noche esa.
Por azar y envidia insana
enmienda tu ser, y da tristeza.

…y asustada, Clara despertó y volvió a dormirse.

¡Furioso él! Pájaro Malo…
rompió tus puertas de porcelana,
dijo: “aunque no quieras, dalo”
luego, te nombró Mundana.

…y asustada, Clara despertó y volvió a dormirse.

Finalmente despuntó el día
y al salir ella de su cama
del todo bien no se sentía.

Y, como el fiero reproche,
rondaban aún por su cabeza
las pesadillas de la noche.

Al llamado al desayuno
bajó, aún tensa, a la cocina
a ese encuentro inoportuno

Resultó que, en la mesa
esperaban, impacientes,
Pulpo y Pájaro a su presa.

Queriendo escapar, temiendo,
siguió así, como si nada,
directo a ese cuadro horrendo

a ser por sus padres comida,
en el silencio de su barrio
viviendo pesadilla en vida.

…y asustada, queriendo despertar, Clara no tuvo de dónde hacerlo.

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La Noche (Poema)

La Noche sana y sombría
está extinguiendo su llama.
Así enmascara su huida,
aunque no escape a su fama.

Quizás esté confundida, y
no quiera irse a su cama.
Será otra noche perdida.
Reinos del Sol se proclaman

Noches del tiempo florecen
en mil macetas de lana.
Nocturnas flores que crecen,
ennegreciendo sus ramas.

Si bien de noche hay silencio,
no es ella la que se calla.
Uno es quién queda en suspenso,
desperdiciando sus alas.

Cuando se entiende a la Noche,
nuevas ideas se entraman.
Claras caretas a flote
salen al ver la mañana.

Bien ves qué oscuro es el Día:
la desmerece a su hermana,
diciendo que está vestida
con mantos de luz profana.

¡Mirala, es tan distinguida!
La noche, corta y humana.
Es prominente su herida,
por eso Noche se llama.

Secuencias del Gran Viaje (Poema, parte I)

Inicio


Por esas cosas del azar,

un viaje llamó a su puerta.

Medio perdido y sin saber qué buscar,

la travesía lo encontró.

Convencido al fin de todo,

colmó su valija de espacio para llenar.


Y así fue…


Zarpó al cielo,

y en pocos giros del reloj,

abrazó el infinito estanque.


Bordeando el sombrío cielo,

imperceptible, resguardó al mar

de la hermana Luna.


El mapa quieto movió al mundo.

Y así él, sin moverse penetró el globo.


En su memoria,

fue su hogar un tibio recuerdo

al reparar en lo recorrido, porque…

…aunque ya muy lejos estaba,

nada era esta distancia

en comparación a la venidera.

Florencia: Escultura en piedra (Poema)

Sin sonrisa… apaleado por el metal que te engendra, un suplicio viviste para al fin nacer.

Incierto tu cuerpo emergía, prometiéndole jóvenes curvas al futuro, que partirían en dos el tiempo.

Mutaste del papel a la piedra, del mito a la historia y del sueño a la certidumbre, cumpliendo así tus promesas.

Tirano de dura piel, que viste a tu presa de frente, aún se perciben tus latidos. Se los oye atravesar la eterna tarde que nos separa, hecha de tiempo y de mar. Los siento alcanzarme, convertidos en recuerdos de mármol.

Recuerdos del mármol más blanco que alguna vez vi.

Escultura de David (Miguel Ángel)
Galleria dell’Accademia (Florencia, Italia)
Foto tomada por Álvaro Reitano

Cielo Pollo (Poema)

Anacoreta, ilícito y buen mozo,

raspa la vida en su vivienda,

y bajo el sol del Cielo Pollo,

ríe encubierta su nave y su ofensa.


Cielo Pollo, ¿por qué lo hiciste?

Rascaste el vidrio, y te carcomiste.

Cielo Pollo, ¡cuánto sangraste!

Bajo el celofán, ahí te entregaste.


Si tu rabia y tus sueños arden juntos,

y tu impaciencia llora a sus difuntos,

tus alas rotas no dejaron de aletear

y tu impotencia en el suelo se ha de alejar.


Cielo Pollo, ya no llorás más…

Sólo queda el futuro detrás.

Cielo Pollo, dulce encantador,

tu pronta sonrisa ya no es de vapor.